Del suicidio y el destino de la langosta

Por: Viridiana Villegas Hernández
Fotos: Óscar Sánchez Moreno

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Durante poco más de una hora la reflexión acerca del suicidio, pero sobre todo la comedia de situación brillará en el escenario del Círculo Teatral (Veracruz 107, Condesa), donde el próximo 19 de diciembre a las 20:30 horas se llevará a cabo la última función del año de Suicídate, langosta, obra adaptada a las necesidades escénicas de los actores Raúl Magaña, Sharon Kleinberg y el director Edgar Muñiz.

Suicídate, langosta es una obra basada en una idea original de Ulises Palatto y dirigida por Edgar Muñiz que se desenvuelve entre dos desconocidos, un hombre (el actor Raúl Magaña) y una mujer (la actriz Sharon Kleinberg), quienes coinciden un jueves por la noche en un puente con el objetivo de terminar con sus vidas. Tras confesarse y descubrir las intimidades del otro, deciden acompañarse en el suicidio.

Ambos personajes, de haber comenzado siendo unos perfectos desconocidos, de haber llegado a ese puente solos, sin nadie a quien importarle, al final pasan a saber todo el uno del otro y entonces el espectador puede darse cuenta de que ya no están solos, sino que se tienen el uno al otro con todo y el eco de sus fracasos, pues como comenta la actriz Sharon Kleinberg: “la temática de la obra puede ser un tema de interés general porque todos los seres humanos, al menos en algún momento desesperado y aunque sea de forma vaga, hemos pensando en quitarnos la vida. En esta obra el uno es el espejo del otro personaje; ella se burla de los motivos del hombre para terminar con su vida y él de lo que a ella la orilla a tomar una decisión tan drástica”.

Al respecto, el actor Raúl Magaña agrega que “de las personalidades afines se dice que  tienden a juntarse y es el caso de este par que no tiene nada que perder, lo cual los conduce a un punto muy bonito, pues todo lo que hagan los llevará a ganar, al menos, la oportunidad de sentirse acompañados y comprendidos. La disyuntiva al momento de construir estos personajes fue poner en la mesa si el suicida es alguien valiente o no.”

Para Kleinberg esta es la primera ocasión que personifica a una mujer con tendencias suicidas. En Suicídate, langosta, ella da vida a Sandra, quien se encuentra terriblemente enojada, con el alma corrompida por tantas heridas emocionales abiertas; es una chica que se muestra brutalmente agresiva y siempre a la defensiva pero que, en el fondo, detrás de esa rígida careta, lo que más anhela en la vida es ser amada sin tregua, con delicadeza y libre de abusos: “lo que siempre esconde el enojo es una profunda tristeza y mi personaje no quiere ser vulnerable, razón por la que se muestra tan fuerte; la realidad es que se trata de una persona muy sensible muriéndose de amor a pesar del daño irreparable que le causó su pareja”.

Ante la situación irreconciliable con el pasado que pesa sobre los hombros del personaje femenino, había que darle un equilibrio por medio del rol masculino a cargo de Raúl Magaña, quien interpreta a Roberto, un hombre de baja autoestima, frustrado, depresivo, solitario y cobarde que no se logra sobreponer del desengaño amoroso y el fraude del que fue víctima a manos de su esposa y su mejor amigo: “Ante la furia de esta mujer –explica Magaña- buscamos que el carácter de mi personaje no fuera el de un macho, sino de un ser sensible para que ella pudiera jugar un poquito con él y por supuesto que mi personaje es un gran cobarde y al estar en el puente donde se desarrolla la historia se encuentra con el mejor pretexto que pudo haber encontrado: Una mujer. Aunque con ella hace mil y un planes para suicidarse juntos y así desaparecer del callejón sin salida en el que se han convertido sus vidas, ambos saben que cualquier decisión cambiará su destino”.

El libreto de Suicídate, langosta, trabajado por el director y los actores resulta una grata sorpresa al no caer en lugares comunes o estereotipos muy marcados como en ocasiones ocurre en otras comedias y Sharon Keinberg lo explica: “aquí vemos a un hombre llorar, no vemos a una mujer débil o sumisa, y creo que estos contrastes ayudan a la comicidad; así también procuramos presentar peculiaridades interesantes, pues no permitimos que gane el debate de la guerra de los sexos, sino que dejamos que fluya de manera abierta esa tensión sexual que siempre existe cuando hay sólo un hombre y una mujer”.

Ya en la puesta en escena Reina de Carnaval el director Edgar Muñiz nos había deleitado con la idea de jugar con la muerte en el plano de la comicidad y ahora, en Suicídate, langosta vuelve a esa propuesta, en sus palabras, a través de “la adaptación que hicimos para corresponder a las necesidades de los actores y el planteamiento de los personajes, ejercicio que nos permitió profundizar en lo que queríamos expresar como creadores. Asimismo, que la obra corra en un puente me parece muy significativo, pues se trata de una construcción que siempre te lleva a alguna parte; el momento escenográfico realizado por el maestro Arturo Nava hace aún más disfrutable la puesta, pues la pareja de Raúl Magaña y Sharon Kleinberg es de esas a las que en escena no puedes quitarles los ojos de encima, pues siempre estás esperando qué van a contestarse; para mí trazar su trabajo actoral ha resultado muy enriquecedor”.

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